Las aves y los reptiles lloran lágrimas similares a los humanos según una nueva investigación

Publicado en 13/08/2020 por Desi

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Ya sea que llorar te haga sentir mejor o peor emocionalmente, derramar lágrimas es una parte importante para mantener nuestros ojos sanos. Las lágrimas ayudan a proteger nuestros ojos del resto del mundo y a mantenerlos hidratados, lo que ayuda a mantener la homeostasis. Por su parte, los humanos derraman entre 15 y 30 galones de lágrimas cada año.

Las lágrimas humanas contienen electrolitos y otras sustancias químicas, como urea. Una nueva investigación encuentra que la composición de las lágrimas en aves y reptiles es en realidad bastante similar a la nuestra, una bendición para los científicos que esperan comprender por qué las lágrimas se convirtieron en adaptaciones evolutivas.

En un nuevo estudio, los científicos examinaron los electrolitos lagrimales en especies de aves y reptiles. Los investigadores también estudiaron cómo se forman los cristales cuando las lágrimas se secan. Los animales estudiados incluyeron búhos, halcones, guacamayos, una especie de loro, tortugas marinas, tortugas y caimanes. Compararon las lágrimas de los animales con las de 10 humanos.

La investigación mostró que todos los tipos de lágrimas tenían cantidades similares de sodio y cloruro, electrolitos que también se encuentran en las lágrimas humanas. Los electrolitos de aves y reptiles estaban más concentrados que los electrolitos de los humanos, mientras que los químicos urea y proteína estaban más concentrados en búhos y tortugas marinas.

Arianne Oriá, profesora de la Universidad Federal de Bahía en Brasil, es la primera autora del estudio. Explica que las similitudes entre humanos y animales tienen que ver con los entornos que habitan.

Sus estudios, observan que existen similitudes en la composición de las lágrimas de los humanos y otras especies filogenéticamente similares, que habitan en ambientes similares.
Además de la composición química de las lágrimas, el equipo de Oriá estudió los patrones de cristalización a medida que se secaban. Descubrieron que los guacamayos “presentaban una disposición de cristales similar a los humanos”, mientras que las lágrimas de tortuga marina y caimán se secaban y cristalizaban en un patrón único que puede reflejar sus hábitats acuáticos.

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